LAS CRISIS MATRIMONIALES
Se presenta el divorcio como el mejor -y único- remedio para solucionar las crisis matrimoniales, rechazando la vía de la reconciliación familiar, camino éste mucho más angosto y complicado a corto plazo- sobre todo en los momentos de la crisis-, pero de consecuencias infinitamente mejores para los propios cónyuges, los hijos y por ende la sociedad. Así, se ha ido transmitiendo una mentalidad rupturista, en la que el divorcio se ha concebido como una conquista social.
La realidad es muy diferente ya que en todas las naciones donde se ha introducido el divorcio, han aumentado sostenidamente las rupturas matrimoniales.
Y es que el divorcio no arregla ningún problema sino que los agrava. Pero si esto no fuera suficiente, progresivamente, en muchos países occidentales, se ha introducido la voluntad unilateral como causa de divorcio.
La evidencia empírica muestra que en todos los países donde se ha aprobado el divorcio unilateral sin causa objetiva, se ha producido un incremento en el número de rupturas matrimoniales de 2 a 7,5 veces superior en el periodo posterior al cambio legal.
Por otra parte, el individualismo que impregna la mentalidad social en nuestros días ha desnaturalizado, a través del divorcio-consensuado, la institución matrimonial, anteponiendo unos pretendidos derechos individuales de los cónyuges a los de la familia resultante de dicha unión.
UTILIDAD SOCIAL DEL MATRIMONIO
Hoy día es de buen tono mantener en público que el matrimonio es solo una opción entre otras y que la mera cohabitación debería tener los mismos derechos. Pero la realidad social prueba que el matrimonio todavía marca la diferencia. En el libro The Case for Marriage (1), publicado recientemente en Estados Unidos, las sociólogas Linda Waite y Maggie Gallagher muestran con datos los beneficios que a largo plazo supone el matrimonio para las parejas y para la sociedad. Beneficios que justifican que el matrimonio sea tratado como una opción social preferente.
En Estados Unidos el índice de fracasos matrimoniales es muy alto y, aun así, casi el 90 por ciento de los que se divorcian o separan continúa pensando que la boda abre un camino para toda la vida. ¿Por qué se da esta contradicción? Linda J. Waite y Maggie Gallagher han investigado el asunto en un libro que combina datos estadísticos, análisis sociológico y crítica cultural. Su conclusión es que el matrimonio es lo más parecido a un seguro de vida de largo alcance.
En
conjunto, los casados gozan de mejor salud, tienen un estado emocional y psíquico más satisfactorio y están más estimulados a aumentar sus ingresos que los que viven solos o cohabitan. Estos efectos
positivos sólo ocurren si la sociedad da un reconocimiento público al compromiso matrimonial. Y, ahí está el quid, porque según estas dos sociólogas, en las últimas décadas asistimos
a un proceso de "privatización" de la relación matrimonial, que mina en sus mismos fundamentos el contrato más importante de una vida.
Una cuestión de salud pública
Junto a la falta de apoyo público al matrimonio, ha crecido la facilidad para divorciarse y han ganado aceptación social otras fórmulas de convivencia, como la cohabitación o la maternidad en solitario. Las autoras detectan que pocos consejeros dedican sus energías a fortalecer un matrimonio en crisis y los que deberían hacerlo -psicólogos, educadores, sacerdotes- parecen centrarse sólo en el beneficio emocional del matrimonio, como si éste fuera la única ventaja.
De ahí que cuando "la aparente felicidad" disminuye, no hay argumento para frenar el "fracaso".
Frente a esa visión reduccionista, Waite y Gallagher ofrecen en su obra un análisis pormenorizado de los principales efectos positivos del matrimonio y argumentan que la defensa del contrato matrimonial ha dejado de ser "una mera preocupación moral para convertirse en una cuestión de salud pública".
Por ello es importante advertir los beneficios a largo plazo del matrimonio, beneficios que arrancan del "poder transformante" de este compromiso: algo tan concreto como la fidelidad matrimonial.
Un seguro de vida que cubre todo
La seguridad de un matrimonio para toda la vida anima a los esposos a tomar decisiones conjuntas y a especializarse en tareas que facilitan la vida en común. Se trata de una complementariedad que supera con creces las posibilidades de un soltero -obligado a hacer frente a todas las necesidades con sus solos recursos- y también las de una pareja de hecho, en la que la duda sobre el futuro siempre actúa de freno y recorta las posibles economías de escala, pues se pretende a un tiempo nadar y guardar la ropa.
En el ámbito financiero, el libro concluye que el ahorro de marido y mujer por el mero compartir energía, muebles y electrodomésticos, instalaciones, etc. puede suponer un aumento de hasta un tercio en el nivel de vida de ambos cónyuges. Otra de las ventajas del matrimonio duradero es la de actuar como un auténtico "seguro de vida", no sólo ante eventualidades como el paro, la enfermedad o la vejez.
Una póliza que garantiza una atención global cuando marido o mujer enferman: el que quede sano "trabajará más para compensar los ingresos perdidos, facilitará cuidados personalizados al incapacitado o se encargará del trabajo de la casa que el otro ya no pueda hacer".
Pero las mejores ganancias vienen de la exclusividad. La relación afectiva garantizada por el pacto matrimonial supera cualquier otra, no sólo en los aspectos más íntimos -la promesa de estabilidad reduce la incertidumbre- sino también en el apoyo constante en los momentos de dificultad o tensión.
"El matrimonio y la familia -afirman las autoras- proporcionan un sentido de dependencia, el sentido de amar y ser amado, de ser absolutamente esencial para la vida y la felicidad de los demás". Esto da una perspectiva diferente para afrontar los problemas que uno encuentra, "porque hay personas que dependen de ti, que cuentan contigo o se preocupan de ti".
Al otro lado de este marco de ventajas, hay que situar el escaso apoyo externo a la estabilidad matrimonial. De hecho, la mayoría de las guías para el divorcio e incluso de los manuales terapéuticos para los estudiantes aconsejan no considerar o minimizar el posible efecto negativo sobre los hijos, a la hora de aconsejar sobre la continuidad de un matrimonio.
Quizá uno de los aspectos más interesantes del libro sea la refutación -con datos- de la idea de que, si el matrimonio va mal, el divorcio es la mejor solución también para los hijos. Las autoras citan un estudio en el que se analizan las características de más de dos mil personas casadas, a lo largo de quince años.
En
la mayoría de los casos se llega a la conclusión de que tanto un matrimonio desgraciado como un divorcio reducen el bienestar de los hijos, pero, a largo plazo, el divorcio lleva a
relaciones más problemáticas entre padres e hijos; aumenta la probabilidad de que los hijos se divorcien a su vez, y reduce también las posibilidades de éxito en la educación y en la carrera
profesional de los hijos.
Divorcios inexplicables para los hijos
Un estudio más profundo de los efectos del divorcio distingue entre dos tipos de situaciones: los divorcios que ocurren en matrimonios con alto nivel de conflictividad y los que tienen lugar en hogares en los que las discusiones o la violencia no aparecen más que raramente.
"En el primer caso, los hijos pueden experimentar el divorcio -al menos psicológicamente- como un alivio; en el segundo, la experiencia de la ruptura familiar les supone un desastre absoluto e inexplicable", se concluye.
Y lo peor es que, entre los entrevistados, "sólo un treinta por ciento afirmaron haber tenido más de dos discusiones serias el mes anterior al divorcio". Los datos resultan claros: "La mayoría de los divorcios en los que hay niños implicados no rompen matrimonios desastrosos sino matrimonios que, desde el punto de vista de los hijos, son, al menos, suficientemente buenos".
Waite y Gallagher señalan también el papel que han tenido los abogados norteamericanos en la flexibilización de la legislación divorcista, hasta conseguir el divorcio unilateral, y sin necesidad de alegar ninguna causa.
Con la reforma introducida en Estados Unidos, resumen las autoras, "se requieren dos personas para casarse, pero sólo una para divorciarse a cualquier hora, por cualquier motivo y tan rápido como los tribunales puedan dividir las propiedades o definir a quién corresponde la custodia de los hijos".
Todas estas amenazas están bloqueando el descubrimiento de las ventajas del matrimonio y hacen prevalecer una mentalidad defensiva.
La falta de interés hacia el matrimonio se refleja en la disminución de ayudas específicas para la familia basada en el compromiso matrimonial. La presión de algunas minorías combativas hace parecer discriminatorio el establecimiento de políticas favorables al matrimonio -es un asunto privado, de dos adultos, en el que nadie tiene derecho a intervenir-.
Paradójicamente, otras formas de relación, como pueden ser las parejas de hecho, exigen como propias las ventajas sociales de los casados y los tribunales cada vez se sienten más proclives a considerar que puede ser incluso inconstitucional tratar de manera diferente a las parejas, en función de si están o no casadas.
Una opción social preferente Gallagher y Waite culminan su análisis con la sugerencia de unas líneas de actuación para reconocer al matrimonio como una opción social preferente. Hay que dejar de considerarlo como una opción privada más -aseguran- y verlo como lo que es: un compromiso público, un ideal moral y una institución social.
Por eso la primera propuesta se refiere a la necesidad de hablar sobre el matrimonio. En un momento en que muchas personas han dejado de usar la palabra "matrimonio", los investigadores sociales y los expertos universitarios tienen una particular responsabilidad en analizar los efectos sociales del matrimonio. Por ejemplo, el cálculo del coste público de los fracasos matrimoniales proporcionaría datos para evaluar la oportunidad de muchas subvenciones o subsidios.
Otra de las sugerencias para fortalecer el matrimonio exigiría adecuar la política fiscal, de manera que no penalice a las familias con más de dos hijos, y reformar la legislación sobre el divorcio. Algo empieza a hacerse. El último capítulo recoge la experiencia reciente de dos Estados -Luisiana y Arizona- que en 1997 y 1998 establecieron leyes más restrictivas. En el primer caso, la reforma incluye un acceso limitado al divorcio, la prolongación de los períodos de espera y la obligatoriedad de asesoramiento familiar previo.
También ofrece la posibilidad de elegir entre la legislación existente -que permite el divorcio unilateral- y un nuevo tipo de contrato matrimonial que limita el divorcio a ciertos casos.
Cambios legales
También se sugiere el restablecimiento de un estatuto legal particular para el matrimonio, con un nuevo modelo de derechos y responsabilidades. En el nuevo modelo de matrimonio, "se debería reconocer -apuntan las autoras- que cuanto más tiempo se lleva casado, más interdependientes se hacen las vidas y el daño de una separación legal es también mayor.
También se debería tener en cuenta que los derechos y responsabilidades del matrimonio cambian de manera fundamental cuando se tienen hijos que todavía no han alcanzado la edad adulta".
Otro modo de abordar el fortalecimiento del matrimonio sería desaconsejar la maternidad en solitario, para lo cual los medios de comunicación y los personajes populares deberían dejar de presentarla como una opción más.
Las consecuencias de estas campañas sobre las adolescentes pueden ser graves, sobre todo porque tener un hijo reduce las probabilidades de casarse posteriormente y complica las posibilidades de acabar los estudios.
Waite y Gallagher tienen también un mensaje para los hombres, quienes deberían tomar conciencia de los amplios beneficios del matrimonio. Estarían así más dispuestos a colaborar con sus esposas, pues muchas mujeres no encuentran ninguna ventaja en tener que trabajar para aportar ingresos y, a la vez, llevar la casa y ocuparse de los hijos. Los maridos deberían descubrir un nuevo beneficio: el de compartir la responsabilidad de ocuparse de la casa y de la familia.
Notas:
(1) Linda J. Waite y Maggie Gallagher. The Case for Marriage. Doubleday.
New York (2000). 260 págs. 24,95 dólares.
Linda J. Waite es profesora de Sociología en la Universidad de Chicago.
Maggie Gallagher es directora del Marriage Program en el Institute of American Values.
Comunicación en el matrimonio: 16 consejos para evitar la crisis
La crisis en el matrimonio puede originarse a veces por una defectuosa comunicación. La crisis en sí misma supone una ruptura de la comunicación.
Esta ruptura se manifiesta de forma abierta cuando el trato y el diálogo dejan de existir. O puede aparecer de forma velada cuando se continúa la relación a base de monosílabos.
En todo caso lo que se pretende es que estos momentos de desacuerdo conyugal (normales por otra parte en la convivencia matrimonial) sean transitorios y leves, gracias a la buena voluntad de los cónyuges.
1.- Tiempo de oro
Dedícale tiempo al otro pero no confundas la calidad con la cantidad.
2.- Salidas frecuentes
Sal con tu cónyuge con alguna frecuencia. No te limites a "sacar" a tu mujer de casa, preocúpate de
"salir con ella" a algo que le agrade.
3.- Oír y escuchar
Cuando él-ella te hable, no te limites a oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale a
los ojos. Él o ella se enterará de que te escucha.
4.-Como novios
Mantén viva la ilusión del primer día de noviazgo. Conquístale a diario. Preocúpate de tu arreglo
personal.
5.-Buenos recuerdos
Recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos.
6.- Sueños de enamorados
Sueña como los enamorados pero ten los pies en tierra como los esposos.
7.- De cara al futuro
Haz planes de futuro que te ayuden a mejorar el presente.
8.-"No hay otro como tú"
Hazte sentir al otro como necesario en la relación conyugal. Busca su compañía.
9.-La importancia de las celebraciones
Recuerda las fechas importantes. Si las celebráis juntos, ¡mejor!
10.- "¡Ayúdame!"
Pide a tu cónyuge soluciones prácticas para tus problemas: puede ayudarte mucho y además servirá para
uniros.
11.-Siempre alabanzas
No
le critiques ante las amistades, menos aún cuando no esté presente.
12.-"Es una sorpresa"
Sorpréndela con pequeños detalles inesperados: un regalo, una cena especial, una noticia agradable, unas
flores, el vestido que le gusta.
13.-"Venía pensando en ti"
Búscale a él o a ella al llegar a casa. Le encantará saber que vienes pensando en él.
14.-Un beso al despedirse
No
olvides despedirte antes de salir. Un beso todos los días es una práctica muy recomendable
15.- Con la verdad por delante
Sé
siempre sincero pero no lo manifiestes de forma desagradable.
16.- "Quiero estar contigo"
Prefiere a tu cónyuge antes que a las amistades, demuéstraselo a menudo.
¿Una socidad sin familias?
Una sociedad sin familia es una entelequia, una utopía antihumana, refractaria a la realidad del hombre y de la propia sociedad.
Afirmar la familia desde su propia mismidad y originalidad, es parte del recorrido de la construcción social, la garantía de que el rostro humano de la sociedad global en la que estamos inmersos, será condición sine quanum para el progreso de los hombres. La relación familia-sociedad es un elemento constitutivo y permanente de todo lo “humanum” y como tal se integra en el afán divulgativo de este apartado de “Familia y sociedad”, que constituye una invitación a profundizar en las dimensiones psicológicas, sociológicas, pedagógicas, jurídicas, biológicas, antropológicas, éticas, etc., implícitas en esa relación.
La lógica tecnocrática imperante tiende a imponerse desde supuestos utilitaristas, que condicionan y distorsionan de forma unilateral una relación fecunda en ambas direcciones. La familia es la primera sociedad humana. Una sociedad que se mira en la familia es la mejor garantía frente a cualquier proceso de disgregación social, ya sea individualista o colectivista. Y nos obliga a respetar la dignidad del hombre, considerado siempre en cuanto fin y nunca como medio, algo que en la familia se aprende de forma natural en la comunión de personas y se hace insustituible para el bien de la sociedad.
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CONSEJOS PARA UN MATRIMONIO MADURO
1. El matrimonio es para amar. Y amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es donación. La medida del amor es la capacidad de sacrificio. La medida del amor es amar sin medida. Quien no sabe morir, no sabe amar. Amar ya es recompensa en sí. Amar es buscar el bien del otro: cuanto más grande el bien, mayor el amor. Los hijos son la plenitud del amor matrimonial.
2. El amor verdadero no caduca. Se mantiene fresco y dura hasta la muerte, a pesar de que toda convivencia a la larga traiga problemas. El amor, ama hoy y mañana. El capricho, sólo ama hoy. Los matrimonios son como los jarrones de museo: entre más años y heridas tengan, más valen, siempre y cuando permanezcan íntegros. Soportar las heridas y la lima del tiempo, y mantenerse en una sola pieza es lo que más valor les da. El amor hace maravillas.
3. Toda fidelidad matrimonial debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. La fidelidad es constancia. En la vida hay que elegir entre lo fácil o lo correcto. Es fácil ser coherente algunos días. Correcto ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de alegría, correcto serlo en la hora de la tribulación. La coherencia que dura a lo largo de toda la vida se llama fidelidad. Correcto es amar en la dificultad porque es cuando más lo necesitan.
4. Séneca afirmó: “Si quieres ser amado, ama”. El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien a quien hacer feliz. La felicidad de tu pareja debe ser tu propia felicidad. No te has casado con un cuerpo, te has casado con una persona, que será feliz amando y siendo amada. No te casas para ser feliz. Te casas para hacer feliz a tu pareja.
5. El matrimonio, no es “martirmonio.” De ti depende que la vida conyugal no sea como una fortaleza sitiada, en la que, según el dicho, “los que están fuera, desearían entrar, pero los que están dentro, quisieran salir”.
6. El amor matrimonial es como una fogata, se apaga si no la alimentas. Cada recuerdo es un alimento del amor. Piensa mucho y bien de tu pareja. Fíjate en sus virtudes y perdona sus defectos. Que el amor sea tu uniforme. Amar es hacer que el amado exista para siempre. Amar es decir: “Tú, gracias a mí, no morirás”.
EL CANSANCIO LA VIDA COTIDIANA
Se llega cansado a la casa. El cansancio es legítimo. El malhumor, no. Conviene recordar que el hombre cansado es propenso al mal genio, ya que tiene las defensas bajas y los nervios menos templados.
El cansancio tiende al hermetismo. No es comunicativo.
Es preciso dar al cansado un tiempo para decantar los afanes y preocupaciones de un día de trabajo. Hay que permitir al guerrero dejar sus armas, desensillar y recomponerse.
Busca deshacerse cuanto antes de su mercadería. Interrumpe cuando no debe, tiene más prisa cuanto más debe esperar. Es la hora heroica de los padres.
El cariño de los niños vale más que el agotamiento
Al llegar a casa, ningún padre puede abrir la puerta y decirse: "Misión cumplida".
Si se cree que la casa es el lugar de las compensaciones egoístas, se ha perdido a un padre de familia. La recompensa verdadera es la de verse rodeado por afecto.
El cariño de los hijos no es un cariño abstracto, Teórico. Es tangible. Se percibe. Se toca.
Los ojos de los niños están diciendo: "sé mi padre. Tú eres fuerte, mas fuerte que el cansancio".
Segregarse de los niños al llegar a casa es decirles: "ustedes no me interesan".
Un padre siempre cansado o que pide que se le trate como a un hombre cansado, es un padre enfermo. La casa no es una clínica de reposo, donde se cuida religiosamente el silencio para no alterar a los pacientes.
El lugar donde descansa el papá no es "zona de hospital", como tampoco el living debiera llevar el letrero de "niños jugando".
Cuando los hijos son pequeños son como juguetes del padre. Si se está de buen humor, se les da cuerda. Cuando el juego cansa o aburre, se les guarda o se les archiva. En muchos casos, la televisión sirve, lamentablemente, de archivo.
Si se considera a los hijos un estorbo porque perturban el descanso del padre, se exige a la madre que los haga evaporarse para que no creen problemas.
El guerrero considera que ya ha tenido suficientes en su trabajo, oficio o negocio.
Cultivar la vida familiar
La vida familiar debe cultivarse a riesgo de que se vuelva un campo abandonado. Se abona con la conversación, con las celebraciones; con ritos familiares, con tradiciones, con un lenguaje que tiene puntos de referencia comunes.
Sin vida de familia, se pasa del trabajo al trabajo como por un túnel. Agradezcamos que la jornada se interrumpa para estar con los que se ama.
El cansancio de una jornada dura se recupera en la vida de familia. La gracia del hijo pequeño hace cambiar la vista cansada. Ahí no se nos acepta por nuestra eficacia ni por nuestro rendimiento: se nos acoge con cariño. Y la vida de familia es más amable cuando se enfrenta con amabilidad, cuando no impacienta la avidez de un hijo por contar sus cosas, la del otro que asalta con peticiones, la de un tercero... El hogar no es un monasterio donde se oye el silencio. Los niños no son objetos inmóviles que forman parte de la decoración. La casa no es casa de reposo para enfermos de los nervios. El cariño hace amables hasta las interrupciones.
EQUILIBRANDO TRABAJO Y FAMILIA
Uno de los más grandes desafios de trabajar y criar a una familia es tener tiempo y sentirse bien por el trabajo y la familia. No es fácil hacer juegos malabaristas con tres ocupaciones al mismo tiempo: trabajador(a), esposo(a) y padre/madre.
Será necesario trabajar en equipo para que las tareas familiares se lleven a cabo. Este trabajo de equipo podría involucrar a sus niños fácilmente.
Seleccione tareas de acuerdo a las habilidades de sus niños.
Cambie las responsabilidades... a nadie le gustará hacer la tarea más desagradable todo el tiempo, pero si todos toman turnos será mucho más fácil para cada miembro de la familia.
Comparta tiempo de alta calidad. El uso de algunos valiosos minutos, junto a su familia, son dificiles de conseguir cuando se tienen programas de actividades muy rígidos. Estas horas o minutos compartidos deben ser en los que le brindamos la atención que merecen nuestros niños y/o familia. El autor Kay Kuzma en su libro titulado "Prime Time Parenting" nos invita a tomar ventaja del tiempo que compartimos como familia. Venir del trabajo o de la escuela al final del día puede ser cambiado de "una noche de quehaceres domésticos rutinaria" a "una noche que empiece con un saludo cariñoso" y que continúe con terminar las tareas escolares o domésticas.
He aqui otras sugerencias para mantener una relación familiar de "alta calidad":
Piense en su familia, inclusive si ellos no están cerca en ese momento, hágaselos saber al final del día. Saber que alguien piensa en nosotros nos hace sentir queridos e importantes.
Tómese el tiempo para acercarse a esa persona en la que usted estaba pensando.
Hable con su familia por teléfono durante el día. Llámeles a la hora de su descanso o del almuerzo y hágales saber que usted piensa en ellos.
Converse con su familia a la hora de la cena y mantenga contacto con la vista mientras habla con ellos.
Mantenga contacto fisico con su familia. Un beso en la frente, un golpecito en la espalda o un abrazo les hace saber que son importantes para usted.
Piense bien sobre las expectativas y actitudes, y en cuanto a las tareas que se necesitan llevar a cabo. No mida cuánto vale usted como persona en términos de cuántas tareas puede efectuar. Haga de esas horas, minutos o segundos compartidos con su familia un momento extra especial.
Abogado Matrimonialista
